Eliminando Burocracia

burocraciaSe nos dice que la extinción de la Compañía de Luz y Fuerza ha generado 44,000 desempleados, que agravará el problema del desempleo, sin embargo, sucede todo lo contrario, esa empresa ineficiente y corrupta prevenía la creación de empleos al encarecer el servicio, pero sobre todo por las transferencias del presupuesto federal para mantenerla operando.

La Guerra Terminó

Vamos a suponer que México, o cualquier país sostuvo una guerra, una guerra grande, de la que fue menester enrolar a una parte importante de la población, varios millones de hombres y mujeres. Pero la guerra ha terminado, y se tienen a millones que reciben un pago de la Secretaría de la Defensa Nacional, los soldados de todos los ejércitos reciben un pago. Se teme que al despedirlos, se nos dice que no habrá en la economía la capacidad de absorber a esta fuerza humana y darles empleos y que en consecuencia estarán desempleados. Es cierto que, cuando millones de hombres son liberados, se requerirá tiempo para que las industrias y empresas de servicios sean capaces de reincorporarlos a la fuerza productiva, aunque debe decirse que la experiencia indica que este tiempo ha sido asombrosamente breve: Cuando terminó la 2da Guerra Mundial en 1945 el fin de la guerra, la reducción del gasto gubernamental hicieron posible que la Gran Depresión que inició en los años 30’s y que se mantuvo con desempleo por casi dos décadas terminó realmente en 1947 año en que el desempleo bajó a menos del 5 % esto y a pesar de los millones liberados por las fuerzas armadas.

El problema cuando se liberan tropas, o, burócratas es que la gente común, la comentocracia y los malos economistas sólo ven una parte del proceso. Ellos ven ex soldados deambulando buscando desesperadamente trabajo, ven una pérdida importante del “poder adquisitivo” de ellos y por ende ¿De dónde van a salir los recursos para emplearlos?

Supongamos que el presupuesto del Estado está inicialmente balanceado, y ahora el Estado al liberar a todos los soldados tiene un importante superávit, y el gobierno decide, correctamente, que ese superávit debe ser regresado a la sociedad, los impuestos se reducen en la misma proporción que el gasto corriente que era necesario para pagar a las tropas. Los contribuyentes ahora se encuentran con que tienen más fondos para comprar más, o ahorrar más para poner pequeños negocios.

La demanda de bienes y servicios, por un lado, y la formación de capital por el otro permitirá en un lapso no muy largo de tiempo reintegrar a la tropa a la población económicamente activa. Aún si el presupuesto inicial tuviera un déficit financiado por la emisión de deuda, no cambia las cosas mucho: Si ya se decidió que se tiene un ventaja al mantener un déficit, éste puede mantenerse y de todas formas regresar a la sociedad el dinero que se requería para mantener a los soldados. Se deja a las finanzas públicas exactamente como antes. Pero la desmovilización de la tropa no deja a la economía como antes: Los soldados mantenidos por civiles no se transforman en civiles mantenidos por civiles.

Se convierten en civiles que se mantienen así mismos, dejan de ser parásitos de la sociedad. Si se hubiese mantenido la absurda situación de mantener a la tropa, sin necesitarse puesto que ya no hay guerra, esta retención para “no agravar el desempleo” sería un desperdicio colosal.

Todos ellos serían improductivos, todos ellos serían parasitarios a la economía productiva. Los contribuyentes para mantenerlos recibirían en cambio absolutamente nada. Peor aún, como acaba de suceder en México, si a los contribuyentes se les incrementan los impuestos para subirle los salarios a la tropa, todo ese dinero se esfuma, se convierte en un enorme desperdicio…

Desmantelando la Burocracia.

Pues bien, no son tropas, son “servidores públicos”, son burócratas, y siempre que se mantenga una plantilla burocrática excesiva que no justifican con sus servicios las remuneraciones que reciben de la sociedad son exactamente idénticos a la tropa innecesaria: Un enorme desperdicio de recursos.

Sin embargo, siempre que se intenta reducir el número de burócratas, o como recientemente de empleados de una empresa paraestatal extinguida por ineficiente y costosa para la sociedad el lloriqueo se presenta sin cesar, que se agrava el desempleo, que la medida es deflacionaria, que se elimina el “poder adquisitivo” de los despedidos burócratas. ¿Quieren lastimar a los comerciantes y empresas que dependen del poder adquisitivo de los burócratas? Al despedir burócratas se nos dice simplemente estamos reduciendo los “ingresos nacionales” y colaborando para intensificar la recesión.

La falacia subyacente es idéntica a la de la tropa, sólo se ven los efectos inmediatos en los burócratas desempleados y los negocios que dependen directamente de éstos. Pero, si el gobierno tiene el buen tino de regresar a la sociedad el dinero que requería para mantener la burocracia, reduciendo los impuestos en la misma proporción el poder adquisitivo se incrementará en la sociedad en su conjunto.

Quizá se afecte a algunos negocios en la ciudad de México, en donde reside la mayor parte de la burocracia, pero otros negocios en otras partes del país florecerán y se incrementarán en número, el país crecerá y los burócratas despedidos encontrarán empleo ya no serán parásitos mantenidos por otros mexicanos, serán ciudadanos productivos que se mantienen a si mismos. Y, de forma semejante a la eliminación de la tropa, al reducir la “tropa” de burócratas improductivos el país no sólo está mejor, está mucho mejor.

Los ex burócratas buscarán ahora empleos productivos en el sector privado o bien pondrán ellos algún negocio, el poder adquisitivo adicional puesto en la economía al recortar impuestos ciertamente que alentará el crecimiento económico y que encuentren empleo o que sus negocios florezcan. Los ex burócratas dejarán de ser parásitos para convertirse en hombres y mujeres productivos que no le cuesta a nadie mantenerlos.

Finalmente debo enfatizar que, por supuesto, no me refiero a aquellos servidores públicos que realmente son necesarios en una sociedad: Maestros, policías, bomberos, barredores de calles, recolectores de basura, jueces, legisladores y todos aquellos que dentro del sector público tienen un papel productivo que proporcionan un servicio como en cualquier empresa privada del sector de los servicios.

La justificación de su existencia es real, es necesaria para la sociedad, pero nunca se podrán justificar burócratas “para aliviar el desempleo”, “Para aumentar el poder adquisitivo nacional”. El argumento principal a mantener una plantilla de burócratas innecesarios, expansivos además, es para aliviar el desempleo, para “aumentar el poder adquisitivo nacional” es tan fantástico como cuando un asaltante te roba tu dinero. Ciertamente que el “poder adquisitivo” del asaltante aumentó. Con este poder adquisitivo producto de tu asalto el soporta bares, restaurantes, sastres, tiendas departamentales y a donde se le ocurra ir a gastar tu dinero. Pero por cada empleo soportado por tú dinero que fue robado y que es gastado por el ladrón, la reducción en tu poder adquisitivo virtud del robo de que fuiste objeto dejará de soportar uno.

En forma análoga los contribuyentes podremos crear un empleo productivo menos por cada empleo burocrático improductivo. Cuando un ladrón te arrebata tu dinero, tú no recibes, por supuesto nada a cambio. Cuando tu dinero es también arrebatado de tú cartera por el gobierno mediante la coerción y compulsión para mantener burócratas innecesarios tenemos exactamente la misma situación y tú no recibes nada a cambio. Desgraciadamente la situación es aún peor, tendríamos muchísima suerte si los burócratas fueran simplemente unos haraganes mantenidos que no hicieran absolutamente nada más que cobrar cada quincena su salario parasitario.

La realidad es que el ejército de burócratas son reformistas enérgicos, “progresistas”, inspectores, creadores de leyes y reglamentos que institucionalmente agreden la actividad empresarial y la acción humana. Burócratas que inhiben, deterioran, trastornan la actividad productiva. No hay excusa para aumentar impuestos con el objeto de mantener o peor aún aumentar una plantilla burocrática de “servidores públicos”, sólo con la excusa de mantener su “poder adquisitivo” y “reducir el desempleo”.

Ha llegado la hora de proceder con sensatez a la luz de principios económicos sólidos.

Deben despedirse millones de burócratas innecesarios y reducir sustancialmente los impuestos, esto si queremos que este país no se vaya al fondo del barranco, que por cierto poco, muy poco nos falta para estar en él.


Inicio