Trece Pésimas Formas de Elegir Carrera

  • “Me queda cerca de mi casa”.
  • “Me gusta el ambiente”.
  • “Ahí estudian mis hermanos”.
  • “Es donde van a meterse la mayoría de mis amigos”.
  • “Está padre”.
  • “La carrera me latió”.
  • “Es en la que me aceptaron”.
  • “Es en la que me dieron beca”.
  • “De ahí sales bien preparado”.
  • “Fulanito estudió eso y es muy exitoso”.
  • “Pus Nomás”.

O el lamentablemente clásico “Quería una carrera en donde no tuviera que llevar matemáticas”.

Así es como los jóvenes en México justifican su elección de carrera y universidad. Y probablemente así ha sido siempre. Pero conforme el número de estudiantes y egresados universitarios se eleva, la competencia laboral arrecia, el gasto en educación aumenta y la velocidad del cambio en la economía, las industrias y la tecnología también sube, los costos de esa forma de decidir se están haciendo más notorios.

La elección de una carrera y universidad es para muchos jóvenes su primera decisión importante en la vida. Y es también una decisión importantísima para los padres de esos jóvenes, pues no sólo suele implicar un sacrificio económico, sino a menudo también un cambio de ciudad, vivir lejos de la familia e incurrir en deuda.

Sin embargo, nos seguimos empeñando en decidir al vapor, con poca información y peor razonamiento.

¿El resultado? Un 70 por ciento de los profesionistas en México reportan que no ejercen su carrera, un sinnúmero de estudios encuentran que una gran cantidad de los profesionistas no están satisfechos con lo que estudiaron y/o consideran que no salieron de la universidad bien preparados, y cerca de la mitad de las empresas se quejan de que no encuentran jóvenes con las habilidades apropiadas.

Una mala decisión educativa no sólo priva al universitario de obtener mejores ingresos; le genera gastos adicionales. No por nada miles de egresados pronto se ven obligados a regresar a la escuela a re-capacitarse (¿o por qué creen que ha habido un boom de diplomados?) o a hacer un posgrado, ya sea para “reinventarse” (después de odiar su nueva profesión) o para rellenar los huecos que les quedaron de la carrera. Todo al calor de más colegiaturas o al costo del contribuyente en caso de los que estudiaron en universidades públicas.


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